viernes, 17 de junio de 2016

No hay un “soy” mujer*


Por Graciela Brodsky

Pregunta: En las últimas jornadas de la escuela (Bordes de lo Femenino), tomando una referencia de Freud, Miguel Bassols retomó la expresión “autorizar lo femenino”. La expresión freudiana es “desautorizar lo femenino” como un modo de respuesta al misterio de la feminidad.
Respecto a este problema, al horror feminae del que vos das cuenta en tus testimonios, vos usás otros términos, como por ejemplo: la solución que encontré al rechazo de lo femenino. Testimoniás de arreglos, invenciones soluciones que –si somos fieles a tus palabras-durarían un tiempo.
¿Qué diferencias encontrás entre estas dos formulaciones?
¿Son dos modos de abordar ese horror ante lo femenino: autorizar lo femenino por un lado y arreglárselas con ese rechazo?
En última instancia: ¿cuál es el fundamento de ese horror que vale tanto para hombres como para mujeres?, ¿podemos pensar a la violencia de género como una respuesta frente a este horror, este rechazo?


Graciela Brodsky: “Desautorización”, en la versión de Amorrortu, “rechazo” en la de López Ballesteros, son las traducciones de la expresión Die Ablehnung der  Weiblichkeit (el rechazo de la feminidad) que Freud utiliza para dar cuenta del límite del análisis tanto para hombres como para mujeres cuando éste es concebido en torno a la lógica que articula el falo y la castración. Lo femenino se revela entonces para Freud, como el obstáculo que hace al análisis estructuralmente interminable, más allá de las contingencias de su finalización. 

Respecto de lo femenino, lo que falla es la identificación. A falta de un significante que permita formar la clase de las mujeres, sólo queda o bien apropiarse de los semblantes que cada época provee para definir qué es un hombre y qué es una mujer, o bien la invención de una solución singular para arreglárselas con un goce que atañe al cuerpo y que no está regulado por el falo.

En la medida en que no hay un significante que nombre lo femenino en tanto tal, no se trata de que lo femenino rechazado advenga en el análisis, como sería el caso si hubiera estado reprimido. Lo femenino es el nombre del no todo fálico, y no hay norma que prescriba qué sesgo tomará éste en cada caso.

En este sentido, autorizar lo femenino es autorizar la invención, la creación, el saber hacer con el goce en tanto tal. Y en la medida en que no hay significante en el que apoyarse para esta invención, sólo queda autorizarse en sí mismo. Y esto cada vez. No hay “de una vez y para siempre”. No hay un “soy” mujer que pueda afirmarse más allá del uso que se haga cada vez del cuerpo y de su goce. Dejarme abrazar, contingentemente, es sin duda una solución. No es la única, ni la que siempre me viene bien  para arreglármelas con lo que no cesa de no escribirse.

Toda la cuestión, a mi entender, es qué implica “ese en sí mismo”. Lacan usa la expresión para el analista, del cual tampoco hay una definición para todos. ¿En qué se autoriza el analista para ocupar su lugar si no es en un título? Mi hipótesis es que se autoriza en su síntoma. No se trata de que analiza con su síntoma sino que el saber hacer con lo irreductible de su síntoma es lo que le permite ocupar su lugar. ¡Ojo!, el saber  hacer no quiere decir abstenerse de utilizarlo, quiere decir, por el contario, hacer un uso advertido de él. Puesto que no es eliminable, solo queda usarlo para lo mejor.
El rechazo a lo femenino no es un fenómeno nuevo, y explicar la violencia de género por este rechazo es cierto, pero es demasiado general. ¿Hay algo nuevo en esta violencia contra las mujeres que acompaña lo que hemos dado en llamar la femenización del mundo? ¿El “no todo” es más insoportable ahora que antes? Tal vez el protocolo paterno lo hacía más soportable, repartía mejor los lugares y los semblantes. Tal vez la decadencia de la función  paterna no sólo abre las puertas al “no todo” sino también a la dictadura del sin “excepción”.

Tal vez la transgresión requiere ser cada vez más violenta a medida que el orden jurídico acoge prácticas y goces que antes eran segregados, tal vez…Pero finalmente, ¿qué se ataca cuando se ataca a una mujer en particular, no a las mujeres, ni al género femenino? Difícil hacer generalizaciones


*2015.Trabajo orientado en relación al Congreso Río de Janeiro 2016.


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