Escrituras Lacanianas
domingo, 4 de junio de 2023
Pipol 11. 2023.Clínica y crítica del patriarcado. Segunda parte*
miércoles, 10 de mayo de 2023
Por Verónica Lagamma y Virginia Thedy*Arquitectura del saber hacer
Por Verónica Lagamma y Virginia Thedy*
Para el ciclo Arquitectura del saber hacer, hablemos de casos clínicos, partimos de la pregunta ¿si hay un saber hacer del analista y qué lo diferencia de los otros? Como analistas nos interrogamos por nuestra formación y los casos que nos conciernen. A diferencia de otras prácticas, el psicoanálisis reconoce la implicación del analista; no sostiene la ilusión de una neutralidad objetiva. Esto tiene consecuencias en la presentación de casos. Digamos que el caso incluye al analista, al deseo del analista y a su relación con el inconsciente.
Lacan en la Apertura de la Sección Clínica, breve texto del año 1977, establece cómo considerar la clínica psicoanalítica, no sólo interrogar al análisis, sino en interrogar a los analistas, de modo que éstos hagan saber lo que su práctica tiene de azarosa, y que justifique a Freud el haber existido.
Si la práctica tiene algo de azarosa, se tratará, como nos dice Miller, de olvidar lo que se aprendió y abrirse al otro –que llamamos paciente nunca visto- como inédito. Entonces se tratará de interpretar no desde el saber ya sabido, si bien nuestra práctica no es sin tener en cuenta lo conceptual.
Azarosa, en tanto el psicoanálisis no es una ciencia exacta. Y justamente esa esencia azarosa, lleva a Lacan a decir que la clínica es lo real en cuanto imposible de soportar.
Este imposible de soportar, hace que sea imposible enseñar la clínica. Pero sí lleva a querer hablar de la clínica de cada uno, a reflexionar sobre las dificultades, las preguntas que se plantean alrededor de orientarnos en la dirección de una cura.
¿Cómo extraer una enseñanza de estas conversaciones clínicas? ¿Es posible enseñar un saber hacer? ¿Es con el saber hacer del analista con su propio inconsciente que se llega a ser analista?
Lacan decía hagan como yo, no me imiten. “Soy un payaso sigan el ejemplo. ¡Y no me imiten!", en La tercera, Intervenciones y textos 2. Lo que Lacan nos dice es que lo sigamos pero oponiéndose a la repetición, a la imitación, la copia como modelo de la práctica analítica. Situar un "saber hacer" de cada analista practicante implica también la relación al inconsciente, al análisis de cada uno. De este modo, el caso clínico no se presenta solamente como un "hacer saber”.
El interés del psicoanálisis por el arte aparece desde el comienzo en Freud. Sabemos que el arte es un saber hacer distinto al saber hacer del analista. El psicoanálisis se sirve del arte, el arte siempre nos convoca a pensar en tanto es una brújula. De allí que decidimos llamar a estas conversaciones: Arquitectura del saber hacer. Hablemos de casos clínicos.
La arquitectura, es un arte y una técnica en la que se diseña, proyecta, y construye. Estas reuniones clínicas se apoyan sobre la idea de construir una conversación, que nos deje un saldo de un “poco de saber”, respecto a cómo operar en la actualidad en nuestra práctica. Al modo del arte del collage, que evoca la falta, donde todo no encaja.
“…De toda construcción ya sea la que hace el paciente, ya sea lo que el analista tiene del caso, lo que importa es lo que no entra en ella. De allí que nuestras construcciones tienen que ser lo bastante abiertas para ser no todas y permitir la sorpresa en la que lo nuevo puede surgir” escribió Enric Berenguer en la página 165 de Cómo se construye un caso? Seminario teórico y clínico. NED, publicado en Barcelona, en 2018.
No pretendemos casos impecables, sí queremos el fruto de una elaboración en la cual sea posible seguir las huellas que nos conduzcan a la lógica de cada caso. Elegimos como imagen del flyer la Casa Danzante de Praga. Arquitectura deconstructivista que no tiene un único molde ni una única verdad para crear una obra.
Tres ejes serán las carreteras de nuestras noches de encuentros, que comenzarán el 17 de mayo con "Variedad de las demandas actuales. Entrevistas preliminares" y seguirán el 21 de junio con "Las entradas en análisis. ¿Y la transferencia hoy?" para terminar el 20 de noviembre con "Diagnóstico diferencial. Entrevistas preliminares. ¿Cuál su uso?".
*Responsables del ciclo Arquitectura del saber hacer, hablemos de casos clínicos, de la EOL Sección Rosario.
domingo, 24 de junio de 2018
PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE IRENE GREISER. SEXUALIDADES Y LEGALIDADES. PSICOANÁLISIS Y DERECHO
Irene Greiser
Con la presencia de la autora
SEXUALIDADES Y LEGALIDADES. PSICOANÁLISIS Y DERECHO
"...Las leyes de matrimonio igualitario, de identidad de género, de violencia de género y las de adopción convocan desde diferentes ámbitos a los analistas y su práctica. Esta se cuestiona en una época en la cual las vías de comunicación (Internet, celulares y otros medios) hacen más complicado el encuentro entre los cuerpos que, finalmente, se constituyen en síntomas del malestar moderno.
Sexualidades y legalidades propone un recorrido por los cruces entre estas nuevas formas de relaciones sexuales y su correlación con las leyes que intentan y realizan una nueva lectura de las modificaciones de los vínculos entre padres e hijos, entre hombres y mujeres, de la parentalidad (adopción) y de la sexualidad..."
AUSPICIA: BIBLIOTECA DE LA SECCIÓN ROSARIO DE LA EOL
viernes, 14 de abril de 2017
DON DE ESPERMA A DOMICILIO. UNA FAMILIA PARA TODOS Por: Hélène Bonnaud
Mientras que el debate político está seriamente comprometido respecto a las cuestiones de procreación, recordándonos hasta qué punto las nuevas formas de devenir padres suscitan temores y pasiones, nada frena el progreso que consiste en separar el cuerpo de sus producciones para hacer un uso útil en la resolución de los problemas de infertilidad.
La ciencia permite responder a esta demanda de hijo incoercible que parece hoy en día manifestarse como uno de los más alegres síntomas de la feminidad de la que Freud había indicado en su época hasta qué punto era “normal”.
¡Tener un hijo es la vía más banal de respuesta femenina a la castración! No hay nada nuevo ahí.
Sin embargo, si en la época de Freud, el matrimonio era más o menos la solución para una mujer de pasar del padre al marido sin parpadear – las familias sabían arreglárselas para encontrar el buen partido para sus hijas – ahora, encontrar un hombre a su medida no es evidente, como si la elección amorosa, para algunas mujeres, tomara la forma de un camino tormentoso y desafortunado. Pareciera que entre más se multiplican los sitios de citas más el encuentro amoroso se sesga o falla. Ya nada es seguro en la materia y la angustia de no devenir madre se vuelve un síntoma mayor en las consultas a los ginecólogos y también a los psicoanalistas. El síntoma se dice entonces con todo lo que moviliza ese hecho, según si el acento recae del lado del fracaso de encontrar un hombre que quiera construir una familia o si se pone sobre la desesperanza de consentir vivir con un hombre bajo el pretexto de que él será el padre de sus hijos. Cierto, la idea de pasar más allá de la versión adaptada, que consiste en hacer de un hombre el falo procreador de hijos, exige un paso suplementario que algunas mujeres están dispuestas a dar.
Entonces, la ciencia llega en el momento oportuno para responder a esas interrogaciones de las mujeres y a ofrecer respuestas adaptadas a casi todas las situaciones. Las técnicas de reproducción asistida están en medida de satisfacer ese mal de hijo doloroso y obsesivo, ese deseo de hijo tan constante en nuestra sociedad donde la feminidad ha erigido la maternidad como un derecho para todas, volviéndose un para todos generalizado. Se puede ser madre prescindiendo de un hombre conservando su precioso producto: un milagro de la ciencia. El don de esperma hace esto perfectamente posible y desde ahora, accesible a todas.
El negocio de la fertilidad
Es bajo un título un tanto peyorativo, “El negocio de la fertilidad” (1) que un reciente programa de Antena 2 (2) nos inmerge en la realidad de la puesta en línea de la venta de espermatozoides congelados para mujeres en mal de hijo. Así, la cuestión de la paternidad es reducida al aporte de un espermatozoide.
Reconozcamos que los cónyuges o compañeros puedan preocuparse de que en la paternidad, si esta no se confunde con el hecho de engendrar bebés, sigue siendo una exigencia, para muchos de ellos, reconocer en el futuro bebé el resultado de su propia semilla.
Asegurarse que el hijo es el suyo es una constante en el sentimiento de reconocimiento de un padre hacia su hijo. La seguridad, la garantía de una filiación ha sido siempre un principio del proceder paterno. Sin embargo, para algunos, la paternidad no está fundada en este imperativo absoluto y para ellos la idea de ser padres de uno o varios niños que no son biológicamente los suyos, no obstaculiza el sentimiento de paternidad. El título “padrastro” en esos casos, viene a nombrar esas paternidades de construcción familiar bis y han mostrado la importancia del amor y la presencia de un padre escabel para esos hijos. No es raro escuchar en las entrevistas decir: “lo considero como mi padre”. Esta pequeña frase nos indica que ser padre excede la cuestión del reconocimiento biológico. El padre es quien da mucho más que una muestra de esperma. Es el que otorga y garantiza al niño su protección. La palabra y el lazo que teje responden al argumento de la paternidad simbólica.
La envoltura de un objeto real
Como lo expone el reportaje, en Gran Bretaña, las mujeres en carencia de hijos pueden pedir en un clic, una muestra de esperma lo que solucionará ese “mal de hijo”. Sólo necesitan encargar por internet, desde su sofá, desplegado en un catálogo que ofrece un menú con diversos ítems posibles, y recibir en casa, el objeto precioso, condensador de fertilidad. Es así que Lucy Strong, mujer, joven y guapa de 38 años, explica que reflexionó mucho tiempo antes de lanzarse en esa aventura pero que, presionada por el tiempo, no habiendo encontrado al hombre de su vida, finalmente, tomó la decisión de acudir a ese método.
Cuenta haber invitado a sus amigas a escoger la muestra de esperma. La muestra está listada según algunas características como etnia, color de ojos y de cabellos, la altura e inclusive la religión y el nivel de estudios de los donadores. Estos últimos elementos, aunque no corresponden a ningún gen conocido por el momento, forman una suerte de envoltura imaginaria, para humanizar a ese padre de gametos. En resumen, se tiene ahí a un padre en su consistencia genética que, hay que aceptarlo, es minimalista y con sólo hacer clic, llega a casa, listo para consumir. El precio de la muestra de esperma: 1100 euros. A pesar de la opinión de sus amigas, la joven mujer escogió un donador danés. Según ella, su solución ha funcionado ya que está embarazada de 6 meses: “Hice clic, lo puse en mi carrito y me lo enviaron congelado, como un libro en Amazon”
De hecho en Gran Bretaña a diferencia de Francia, la inseminación por don de esperma es legal y accesible a todos, sobre toda a las celebridades. Tienen la posibilidad de prescindir de un hombre de carne y hueso.
El reportaje muestra también al médico de la clínica que ofreció ese método a muchas mujeres que temen la infertilidad asociada a la edad. Explica tranquilamente que las mujeres (pareciera que habla de hembras en periodo de celo) tienen el comportamiento de medir en el hombre que escogen el patrimonio genético del que él es portador muy anclado en ellas.
Un genoma con patas de alguna manera. “Ellas miran el color de sus ojos, de sus cabellos, su medida”, imaginando entonces como esos caracteres físicos pueden duplicarse en sus retoños… por la vía sagrada de la herencia. Ah, si la genética se redujera a dos… como el amor que, él se basta con dos! Pero la genética es más compleja y sin conocer el color de piel, de cabello y de ojos de los padres del donador y de sus abuelos, tendrá pocas posibilidades de estar seguro del éxito total de la elección para su hijo. La genética puede procurar algunas pequeñas sorpresas… Pero hay que esperar. Ese es el mensaje de ese médico que navega por el mercado de la infertilidad sin ningún remordimiento.
La elección de la maternidad
El psicoanálisis nos enseña que ser madre se aprende del Otro. No es innato. No está programado de manera universal pese a que el deseo de hijos es la solución clásica dada al complejo de Edipo femenino y a la castración. Hasta entonces, las mujeres iban a buscar el falo con el hombre. Hoy en día ellas pueden buscarlo en un banco de esperma. Eso es lo nuevo. El reportaje indica que se puede pedir un “padre” confundiendo espermatozoide y paternidad, lo que claro está es una manera comercial de decir las cosas.
Habrá cada vez más niños cuyo padre será una bolsa de sorpresas, los hombres de sus madres haciendo de padres de sustitución. Sólo que, según Lacan, el padre no tiene derecho al respeto sino al amor (3), a condición de hacer de la mujer de su elección su objeto a, es decir, su síntoma. Entonces las cosas se complican. El padre biológico se separa de facto de ese padre simbólico, que se constituye más en su relación a una mujer que a su hijo. De cualquier manera, si lo real de la paternidad es aún un enigma que abre al niño una interrogante sobre su existencia, cuando habrá que decirle que su padre es una bolsa de esperma, será mejor prever una salida más glamurosa a ese divino detalle.
Las celebraciones alrededor del nacimiento tienen vocación de hacer funcionar un orden simbólico a la llegada y al reconocimiento del niño que acaba de nacer. Pero fallan en nombrar lo que hace hueco y no tendrá jamás una respuesta. Hoy más que nunca, los padres faltaran. Han faltado siempre y la humanidad hizo un síntoma: nombrar al padre -ese del que Freud y Lacan indicaron la función esencial en la vida de todo sujeto, sobre todo su utilidad simbólica para el primero, haciendo una función igualmente simbólica para el segundo. Cierto, su presencia física no es esencial, pero no se reduce a una muestra, habrá que ser cuidadoso, dejar abierto el debate sobre lo que es un padre hoy en día. La respuesta de Lacan viene a ayudarnos y a esclarecernos: “Se puede prescindir de él (del Nombre-del-Padre) con la condición de utilizarlo (4). Ello abre perspectivas útiles en una época en donde procrear no está sujeto al encuentro de los cuerpos.
Hacia la adopción generalizada
La cuestión es saber si el padre entra en función en tanto portador de su esperma, como la ciencia quisiera hacernos creer, o si se puede prescindir de él. Ahora, los padres pueden aligerarse de la paternidad biológica prefiriendo la paternidad de corazón. De hecho, los hombres se constituirán cada vez más como padres adoptivos de niños nacidos fuera del circuito clásico. Tendrán cada vez menos hijos genéticamente de ellos y tendrán que acostumbrarse a educar los de alguien más, alguien anónimo, por lo menos hasta que el hijo cumpla dieciocho años, edad en la que podrá saber quién es su padre biológico que le permitió nacer.
La paternidad avanza hacia una nueva era. El padre biológico será un epifenómeno, un real bruto, más cercano del residuo del que Lacan califica a la familia conyugal, inscrito en el cuerpo y fijado como un dato archivado consultable a posteriori, ahí el padre adoptivo sustituirá ese hueco dando materia a su función. Transmitirá a su hijo más que el color de piel o de ojos, lo único que será suyo y únicamente suyo es su amor, su palabra, el lazo tejido con el pasar de los años, lo que le da a la paternidad eso que Lacan ha llamado la función Nombre-del-Padre.
Ese modelo existe ya en nuestras sociedades. La diferencia es que del padre real, el padre adoptivo no podrá decir nada. Igual que para el hijo, ese padre estará forcluido. Le será difícil decirle que tienen el mismo color de ojos o de cabello aunque … en cambio, le podrá decir que tienen los mismos gustos, la misma forma de hablar, el mismo “aire de familia” ya que todo eso se teje sin que sepamos cómo. Solamente sabemos que las identificaciones nos permiten parecernos a cualquiera y más aún a quien nos dio amor y protección. La diferencia es colosal. El amor es más fuerte que la genética en materia de transmisión.
El don de esperma es absolutamente necesario para concebir un bebé pero queda indiscutiblemente sin recursos si no se acompaña de las palabras del portador del don. Lacan ha llamado eso transmisión “lo que implica la relación con un deseo que no sea anónimo” (5).
Traducción: Cinthya Estrada.
Notas:
1-http://
2-Canal de televisión francesa.
3-Lacan, Seminario XXII, RSI, lección del 21 de enero 1975 http://
4-Lacan, Seminario XXIII, El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2012, p 133.
5-Lacan, Notas sobre el niño, Otros Escritos,Paidós, Buenos Aires, 2012, p 393.
Publicado en Lacan Cotidiano
sábado, 11 de febrero de 2017
miércoles, 16 de noviembre de 2016
La “crisis de originalidad juvenil"
La adolescencia, entre otras múltiples definiciones, es abordada con frecuencia con el término de crisis. Este es un eje interesante a considerar si entendemos una crisis como aquello que, en un momento particular, hace que lo vivido inmediato se anticipe a la representación del cambio, un cambio que en ese tiempo es más sufrido que subjetivado.
Frente al empuje puberal y sus reacomodamientos, las respuestas del adolescente pueden inquietar. Entre ellas, el ascetismo y cierta negligencia con su cuerpo, la intelectualización con interrogaciones metafísicas o, por el contrario, una inhibición intelectual con una retirada de sus intereses escolares, así como comportamientos a veces excesivos poniendo en juego la seducción. En el momento de la crisis, la resolución de las tensiones con conductas de carácter impulsivo son bastante frecuentes: fugas, violencias repentinas con rotura de objetos, gestos suicidas, delitos menores, ingesta de tóxicos, abuso de alcohol, etc. Una adolescencia silenciosa tampoco acontece sin plantear preguntas.
La crisis de originalidad juvenil
No es durante el tiempo de la crisis, por espectacular que sea, que podremos avanzar en un diagnóstico. Si bien las manifestaciones ruidosas pueden hacer temer el comienzo de una afección grave, también puede tratarse solamente de una “crisis de originalidad juvenil”.
Este concepto que no es ni psicoanalítico ni psiquiátrico, nos viene de la pedagogía.
Maurice Debesse[1], profesor de la Sorbona a medidos del siglo XX, pedagogo y psicólogo, ha titulado así un libro que escribió en 1937 acerca de los adolescentes. Tal era el estado de ánimo del autor que propuso este concepto:
“Sabemos que frecuentemente, a lo largo de la adolescencia , los jóvenes se comportan de una forma nueva y desconcertante. Ellos buscan diferenciarse y autoafirmarse, se rebelan contra su familia y sus maestros, se encierran en ocasiones en un individualismo salvaje e intransigente. De pronto, la crisis se desanuda; lo excéntrico deviene normal, lo fantasioso se somete a las disciplinas detestadas y la adolescencia cesa. […]
Es tentador y sería fácil, hacer de la crisis de originalidad un fenómeno patológico pero entonces, habría que decir que el adolescente original es a la vez un paranoico, un esquizoide, un psicasténico, etc., en pocas palabras un enfermo. Sin embargo procediendo así, no habríamos explicado nada y nos encontraríamos con el hecho indudable de que la gran mayoría de los que padecen esas crisis no entran en un psiquiátrico. Conviene entonces aferrarse a la realidad de cerca, sin dejarse llevar por asimilaciones arriesgadas.”
Decimos que la adolescencia puede ser una mezcla de problemas perversos o psicóticos, que es la edad de las rupturas, también la de la “entrada en la psicosis”. Habrá que verificarlo caso por caso, la mencionada Crisis de originalidad juvenil puede tomar ciertos acentos bizarros sin por ello tratarse de una psicosis.
Una clínica bajo transferencia
El psicoanálisis cuestiona toda clínica de la observación y de la clasificación[2]. Lo que interesa al psicoanalista es hacer un paso más para encontrar al sujeto, ceñirlo en las intrincaciones sucesivas de las clasificaciones psi, para reencontrar lo singular del caso que permite extraer la palabra del sujeto. Esta clínica es la de los detalles, de las más pequeñas matices, engarzadas en las sutilezas de un lazo particular, el de la transferencia analizante y analista.
Es en efecto en una clínica bajo transferencia que un síntoma, por extravagante que sea, adquirirá su sentido según se inscriba o no en una cadena significante.
Por ejemplo es en transferencia que se podrá leer que la discreta ironía, tal vez velada por un aire burlón tan habitual en el adolescente, se diferencia de una simple burla. De la misma forma, el carácter atípico de intereses intelectuales, artísticos, etc., que no se encuadran con un sujeto, con lo que sabemos de él, puede tomar otro acento en el contexto de un lazo a un analista.
El adolescente es también, en ocasiones, provocador y no es raro que ponga a prueba el encuadre analítico importando allí su crisis, bajo la forma de ropajes que, él, se apronta a endosar en tanto los psi, la familia, la escuela le han preparado a medida: psicópata, inmaduro, perverso, narcisista, consumista, irresponsable,… “El mito es esto: el intento de dar forma épica a lo que se opera a partir de la estructura.[3]”
“La adolescencia es también cuestión del Otro barrado, de otros que vean reavivadas, en el propio adolescente, sus propias errancias a esa misma edad y que querrían evitar a ese joven impetuoso, unas veces visto como adolescente en el que la división se acentúa y vuelve más evidente su castración, dejando aflorar un punto de real, otras como adolescente, objeto del que el adulto no pude separarse”[4].
Vista desde este ángulo, la cuestión de la crisis de la adolescencia implica las conductas de oposición necesarias para no encontrarse reducido a ser el objeto de otros, el adolescente. Esta crisis se manifiesta también por momentos de desorganización del lazo, que pueden incluir breves momentos de desenganche del Otro en los que se expresan tanto el entusiasmo paradojal, la melancolía como la extrañeza.
Retorno del exilio y camino hacia un deseo propio
El psicoanalista es aquel que puede hacer la apuesta del reencuentro con ese sujeto, así de protéiforme y preocupante, con el fin de ayudarle a elaborar su propia respuesta. Es en ese lazo particular que puede ser acogida su diferencia, su inquietante extrañeza tal vez, y que puede encontrar solución la crisis que hacía temer lo peor.
Es más, no se tratará con el psicoanálisis de hacer entrar al sujeto en el orden, de fundirlo en el ideal de armonía grupal de todos iguales, sino de ayudarlo a encontrar el camino de su propio deseo. Esta búsqueda es probablemente más difícil en nuestras sociedades donde se acentúan cada vez más los signos de la decadencia del padre. Noción que debe ser claramente separada de la renuncia a la palabra. El psicoanalista, separa figura del padre y función de la palabra.
Sucede entonces que el adolescente requiere al analista como pasador, en esa difícil transición, saturada de malentendidos, de exacerbación de la pulsión de muerte, de exaltación de la originalidad y de la imaginación, para encontrar su propio camino.
El analista puede ser el pasador de ese retorno del exilio.
Guy Briole. Miembro ELP, ECF y AMP. Barcelona. París.
Traducido por: Gabriela Medin
[1] Debesse M., La crise d’originalité juvénile, Paris, PUF, 1937.
[2] Lacan J., “Apertura de la Sección clínica”, 5 de enero 1977 – http://
[3] Lacan J., “Televisión”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 558 .
[4] Briole G., « adolescencia e adolescente: lo imposible del deseo”, El cuerpo hablante, adolescencia y deseo. Jornadas de Sede EBP-Salvador de Bahía, 13-14. 11. 2015.
sábado, 15 de octubre de 2016
EL LUGAR DEL NIÑO EN LA ACTUALIDAD. CUERPO Y GOCE.
Para situar algunas características actuales de los lazos, de las modalidades de emparejarse, de hacer familia, voy a hacer referencia a algunos nuevos regímenes de satisfacción y su relación a los cuerpos.
Resulta ineludible retomar la cuestión de cómo la lógica del consumo (Brousse, 2012) rige los lazos de una manera generalizada. Estos toman las mismas valoraciones mercantilizadas de etiquetas y fechas de caducidad, de lo fácilmente descartable, de las liquidaciones o las buenas ofertas. Esto produce, por un lado, la deriva hacia un anonimato del sujeto en tanto bien de consumo generalizable; y por otro, la manipulación del desecho, lo trucho, falso o no original que se ofrece como un objeto en sí mismo devaluado, a menor costo pero muy fascinador en el plano imaginario.
La avidez desenfrenada por alcanzar estos objetos y apresar la felicidad como sostén social organiza un circuito claramente siniestro en relación al empuje a a satisfacción autoerótica, componiendo extremas soledades con los desconciertos identificatorios que estas conllevan.
Si los lazos sociales quedan liberados de las tradiciones y sueltos de todo discurso —a excepción del discurso capitalista— la moral sexual y las prácticas sexuales quedan también eximidas de la represión ancestral en el Otro. Afirmada en un polimorfismo extravagante, la sexualidad adulta se acerca cada vez más a la perversión tal como Freud (1905 [2008]) la planteó en el sentido perverso-polimorfo de la sexualidad infantil, con el agregado, por supuesto, de la dimensión del acto sexual.
En tanto el goce se ha liberado de la creencia, se ha fracturado el anudamiento del deseo y el amor, lo que se produce un estallido manifiesto al pasaje al acto.
Podemos definir a esta época como la de una “modernidad avanzada” (Berenger, 2006), en la que existe, por un lado, una tendencia a la democratización y a la liberalización de los vínculos, pero a la vez se percibe una inestabilidad y desarraigo de esos lazos.
La marcada tendencia a la individualización hace que el sujeto se vea impulsado a construir su existencia alrededor de su narcisismo y su satisfacción.
En el mismo sentido y con gran frecuencia los hijos mismos obstaculizan este proceso, o por el contrario, recae en ellos el antídoto contra la soledad.
Si antes eran las parejas las que, idealmente, programaban los nacimientos y se encargaban de trasmitir el nombre y el apellido familiar como un derecho de los niños, hoy se visualiza cómo es a partir del niño que se constituye una familia. “El niño crea la familia” (Laurent, 2010, p.21), sea cual fuese el lazo social (no necesariamente biológico) que determina esta asociación.
Las transformaciones de la familia moderna (Fleisher, 2004) pueden situarse como consecuencia directa de las transformaciones de la moral sexual, que está condicionada a su vez, no sólo por los cambios generacionales, sino también por lo las nuevas tecnologías y las formas discursivas que promueven tomar al niño como objeto de consumo o como el desecho de los lazos familiares mismos —El niño resto—.
Observamos cómo la simetría reina en estas nuevas configuraciones, y los medios de comunicación funcionan, muchas veces, más bien como medios masivos de identificación, justamente cuando los referentes familiares o los de una autoridad permanecen frágiles para decodificar sus mensajes y acercar alguna interpretación.
El niño queda, simplemente captado por la imagen, sin poder descifrar los imperativos a agruparse bajo el mismo rasgo común, bajo la misma satisfacción, sin la necesidad de pasar por el otro.
Así es como funciona la primacía de lo imaginario y lo virtual en la tendencia actual de la comunicación.
Por la inmediatez de la información, el saber que el niño construye alrededor de aquello que no tiene una sencilla representación —la sexualidad, la muerte, el devenir humano—, resulta insuficiente o excesivo para construir un sentido que organice temporalmente su decir y su lazo. Lo que permanece ausente es un referente que sirva de traducción a los asuntos de la satisfacción.
Cuando ese saber no logra servir de soporte de una ficción que permita acomodar e interpretar la realidad, irrumpen la angustia, las inhibiciones y los síntomas como arreglos inusitados e ineludibles.
EN CUANTO A LAS PAREJAS Y EL AMOR…
Las declinaciones del amor y de la sexualidad, el adormecimiento o el embelesamiento por la imagen y las pantallas, impactan en las nuevas particularidades que asume la sexualidad. Cada uno con su estandarte de goce se construye una lista de nominaciones que devienen de las prácticas de goce que se vuelve interminable. Y estas nominaciones son ofrecidas para promover más identificaciones a esa caracterización de satisfacción.
Tan interminable es esa lista como los modos de gozar, aspirando a eliminar el malentendido, la castración y dejando reducido cada sujeto al extremo del sentido común a partir de ese broche imaginario de satisfacción.
Estas modalidades de elecciones menos estándares, delinean formas novedosas de anudamiento que se vuelven compatibles con la variedad y la multiplicidad de nuestro tiempo. Nuevas formas subjetivas no ancladas del todo al Nombre del Padre (NP) ni al falo, “…donde el NP está, pero no pueden hacer uso de este instrumento…” (Laurent (1998) s/d) trayendo aparejadas neo-identidades.
Un artículo publicado en abril de 2013 en el New York Times da cuenta del fenómeno haciendo referencia a la nueva sigla que proponen los militantes universitarios por los derechos por la diversidad sexual: LGBTQIAP.
A la conocida Lesbians, Gays, Bisexual and Transexuals, agregan la “A” por Asexual, para quienes carecen de atracción sexual, la “Q” para los Questioning o confundido, la “I” de Intersexual, personas de sexo ambiguo, y la “P”, para quienes se consideran Pansexuales o poliamorosos.
Esta aspiración al reconocimiento de los derechos de quien se reconoce como homosexual, poliamoroso o andrógino, como héterocurioso o pansexual, gira en realidad, también, en torno a la cuestión de la legalización, de la normalización de las conductas. Este empuje a modos de goce segregativos, resultante del multiculturalismo contemporáneo, traduce también la fragmentación del NP.
Las identidades múltiples, simétricas, semejantes, la vecindad de goces, es lo que viene al lugar de la identificación, donde el cuerpo, el amor y la sexualidad son claramente devaluados, promoviendo semblantes fugaces, efímeros que deprecian en el mismo nivel el encuentro con el otro sexo.
En el film, Hombres, mujeres y niños (Reitman, 2014) se investiga el efecto de esta devaluación sobre las familias, los adolescentes y sus padres. Allí se muestra cómo la pornografía y las redes sociales en general son, al mismo tiempo, la evasiva y la causa de una trama de conflicto dentro de lo familiar y lo subjetivo, donde lo íntimo se vuelve público, donde los derechos y leyes entre padres e hijos están permanentemente manipulados, donde el anonimato es una protección y la felicidad un bien supremo al que es posible de arribar. Se pueden apreciar las simetrías entre padres e hijos, entre madres e hijas, las analogías de goces en las que prevalece como ordenador el ideal de esos cuerpos, los que pueden alcanzar el éxtasis de un goce desconocido.
Desligándose de las relaciones y de los lazos, los cuerpos se encuentran sin la trama discursiva que los envuelve. Cuerpos adormecidos, entumecidos, freezados o aburridos, protegidos y sumergidos en un goce autoerótico fuertemente expuestos al goce de la mirada.
Padres ocupados en sus propios goces interrumpidos, o en sus propios fracasos por la fractura silenciada entre el amor y el deseo, transforman el amparo y la protección en sinónimo de vigilancia. Producto de sus propias decepciones y desilusiones, se encargan de volverse centinelas de lo imaginario y de lo imposible de programar del encuentro siempre equívoco de los sexos.
Reclaman porque sus hijos no relatan o confiesan sus angustias cuando en realidad, no hay quién escuche ni se detenga a mirar.
Las pantallas funcionan como espejos de cuerpos excesivamente delgados, de pornografía o de videojuegos, en los que adolescentes y padres quedan atrapados en un goce virtual/visual del espejo, en una inmersión en la imagen que crea la ilusión preventiva de hacer desaparecer el propio cuerpo a partir de lograr ausentarse lo más posible del otro.
Así también, la pornografía explorada por padres e hijos se convierte en una especie “orgía de partes sin cuerpo y sin amor” (Stiglitz, 2015). Satisfacciones asociadas esencialmente a un objeto sin el entramado del entrecruzamiento entre el amor, deseo y goce. La elocuencia del film permite apreciar que, cuando el malentendido y el síntoma de la pareja parental se reducen al rechazo sexual del partenaire, el adolescente vive su iniciación sexual con el mismo rasgo de rechazo, impotencia y angustia para acceder a un goce sexual.
Inhibiciones severas, anorexias extremas, desamparo, soledades agudas, angustias y extravíos, miedos, hasta la depresión y el pasaje al acto es lo que muestran muchos jóvenes frente al mandato despiadado de un cuerpo que luzca como el trofeo ideal, ya sea el del deportista triunfador o el de la belleza extrema.
Lacan, en La tercera (1988 [1998]), habla de la angustia y se pregunta ¿a qué tenemos miedo? Y responde que tememos a nuestro cuerpo. Es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos viene de reducirnos a nuestro propio cuerpo. Es el miedo del miedo.
Allí, cuando el sujeto queda sólo reducido a un objeto de satisfacción pulsional, la pulsión queda taponada por sus objetos y allí emerge el miedo y la angustia.
Lo vemos en la joven anoréxica más abruptamente, en los padres y sus propios desvaríos. Pero también vemos que cuando ingresa el amor en el lazo, como en el film, asoma en Tim (Ansel Elgort) la posibilidad de frenar esa tendencia del sujeto a la identificación al objeto y con ello, algo importante en la vida puede suceder. La posibilidad de restituir algo de un sentimiento de vida, luego del abandono y rechazo de la madre, y del apartar él mismo, el futbol como el significante y la vía que hasta ese momento le permitía el acceso al padre y a la vida. Hay alguien que toma el lugar de Otro, de un significante vivo, de un cuerpo y de una palabra y eso alivia.
Muchas veces el analista viene a ese lugar. A ofrecerse como un significante vivo, un cuerpo, una palabra….intentando despertar del adormecimiento, a sacar al niño o al joven de esa absorción por la imagen. Lo hace de manera discreta, acompañándolo en la lectura de esos nuevos semblantes para tratar de hacer con lo imposible, localizando una posición singular de goce en un cuerpo animado.
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