Entrevista al psicoanalista Mario Elkin Ramírez*

"Siempre hemos sido agresivos, pero han variado las formas de expresión"
Psicoanalista y sociólogo, Ramírez reflexiona sobre la violencia como modelo de identificación y de socialización, el placer de someter al otro, el goce sin ley y la satisfacción pública que ofrece Internet.
-Vino a Santa Fe a dar una charla sobre violencia urbana, una problemática que conocemos muy de cerca porque tenemos una de las tasas de homicidios más altas del país...
Vengo de Medellín que fue durante muchos años la ciudad más violenta del mundo, debido a razones históricas que unieron movimientos de extrema izquierda configurados en guerrillas, de extrema derecha configurados en grupos paramilitares y el narcotráfico. En la época de Escobar, los ejércitos de sicarios encontraron una oferta de dinero fácil al servicio del narcotráfico. Poca ideología, entrenamiento militar y dinero fácil hicieron que en los '80 y '90, el sicariato estuviese en la cúspide de las causas de mortandad.
-¿Cuál es el aporte que realiza el psicoanálisis frente a esta problemática?
El psicoanálisis tiene una teoría de lo social: desde que nacemos estamos rodeados de la familia, la escuela y eso es lo que constituye nuestra estructura psíquica. Si insertamos un sujeto en una sociedad violenta, las formas de relación primerísimas que va a encontrar van a ser violentas. Un trabajo de investigación que hicimos en el barrio Comuna 13 de Medellín, donde hubo milicias que sometieron a la población, mostró que los niños veían que los grupos armados tenían prestigio porque era respetados, tenían éxito sexual con las chicas y una buena situación económica. Es un ciclo social, pero también psíquico, de lo cual se derivaron programas municipales para terminar con la violencia, gracias a que el psicoanálisis pudo esclarecer que no eran sólo condiciones desfavorables de educación y de pobreza, sino también una dimensión psíquica, donde los modelos de identificación de esos jóvenes eran violentos, entonces conformaban su psiquismo de acuerdo a esos modelos.
-¿Por qué la violencia seduce, atrapa, da rating?
No somos solamente seres racionales provistos de lenguaje, sino que también somos seres provistos de pulsión. Dentro de esas pulsiones, además de la de sexualidad, está la pulsión de muerte. En principio es autodestructiva, por ejemplo el fumador o el alcohólico saben que lo que consumen les hace mal, pero no les importa porque sienten placer. Eso se renueva en muchas actividades sociales, como los deportes extremos o actividades que ponen en riesgo la vida, como las carreras de autos ilegales o la droga. Eso tiene una expresión social que ya no es solamente matarse a sí mismo, sino agredir al otro, quitarle sus bienes, usarlo sexualmente sin su consentimiento, explotar su fuerza de trabajo sin retribuirlo, humillarlo, torturarlo y finalmente matarlo. Por eso, se dictan las leyes y normas para controlar esas pulsiones que cada uno tiene, pero no cubren todo: a pesar de que hay religión, educación e instituciones que garanticen la convivencia, siempre hay algo que se escapa, en Freud es la pulsión de muerte, en Lacan el goce. Hay una fascinación porque inconscientemente hay un placer en poseer al otro, los bienes del otro, someterlo. Conscientemente lo revestimos de los mejores ideales y propósitos, con un discurso racional, que encubre esa tendencia inconsciente de ejercer un poder sobre el otro.
-En Internet, se pueden ver videos en los que chicos y adolescentes golpean a los compañeros de escuela, le queman el pelo a la maestra o torturan animales. ¿Estos casos indican que ahora hay más violencia o es la difusión mediática la que da esa sensación de mayor violencia?
El inconsciente se estructura a partir de lo social, entonces no es lo mismo el inconsciente de hace 100 años, el que analizó Freud en la Viena victoriana que el actual: la sociedad y la configuración familiar, de la escuela, del ejército y de la política han cambiado. La ciencia y la tecnología han contribuido a eso y tenemos otras formas de configuración de nuestro inconsciente, pero la misma disposición pulsional. Las personas eran muy agresivas hace 100 años, pero de otra manera; la carnicería de las dos guerras mundiales da cuenta de eso, además de la guerra fría, las revoluciones rusa y cubana... el siglo XX fue el más sangriento. Siempre hemos sido agresivos, pero varían las formas de expresión. Cuando somos chicos, somos crueles, pero la sociedad se encarga de canalizar esa crueldad hacia otros lugares, por ejemplo el deporte o los valores de la cultura: el amor al prójimo o el ecologismo. Se construyen diques contra esa agresividad infantil, como la moral, la vergüenza y el pudor. No siempre se logra; con la cultura contemporánea, hay un declive de las instituciones y su capacidad de control de esas pulsiones.
-¿Por qué?
Depende de factores macro como la transición del capitalismo mercantil al globalizado, que nos muestra Internet... el goce que nos oferta, con sociedades de pedófilos, masoquistas, anoréxicos, alcohólicos, drogadictos, que no están construidas para regular esas tendencias, sino para promoverlas. Todos los síntomas que vemos en los jóvenes actuales se promueven en Internet. Si tortura a los animales o le prende el fuego a la profesora es porque no hay una represión de la crueldad infantil, pero además hay un goce suplementario en mostrarlo en ese ojo virtual universal que es Internet, que es Youtube. No solamente da un placer maligno y absolutamente terrible hacerle eso al compañero o la profesora, sino que se vuelve público: hay quien lo ve y disfruta viéndolo. Hay quien disfruta con las cirugías que se hacen en los realities por televisión, que son operaciones invasivas, donde el sujeto está reducido a la carne. Eso vende, da rating. Es un goce que no es privado, sino que está puesto en el mercado, porque hay gente que gana dinero con eso. Hay un goce suplementario y esa oferta está ante los ojos de todos y vamos constituyendo formas de relación que escapan a la regulación, la sociedad y los valores.
-Hace algunas décadas, la violencia estaba aceptada en algunos ámbitos, como en la escuela donde se podía dar un castigo físico o dentro de la familia. Considero que con el avance de los derechos se han reducido esos espacios socialmente aceptados para la violencia, con lo cual la violencia estalla con más fuerza. ¿Qué opina?
Es muy acertada esa hipótesis. Cuando el maltrato intrafamiliar no era una conducta reprochable jurídicamente porque no estaban valorizados los derechos de la mujer ni del niño, no significaba que fuera menos cruel que ahora. Con los derechos del niño, esas conductas pasaron a ser condenables, pero se inventaron otras más sofisticadas. Los maestros ya no golpean a los niños porque pueden tener una demanda o recibir violencia por parte de los chicos, pero les dan una droga. Como no se les puede pegar, se los medica bajo la idea de que son niños hiperactivos. Hay que ver la "paliza química" que implica la ristalina, que es un derivado de la cocaína. En Estados Unidos, hay generaciones de cocainómanos levantados con una contradroga en la escuela y tenés maestros que dicen que si no toma la pastilla no lo recibe en clase. Son formas sofisticadas de violencia social. Lo mismo pasa en la familia, donde hay derechos, pero también muchas ambigüedades. Muchas veces no se denuncia al maltratador porque si lo encarcelan, pierden el sustento económico. Entonces se da esa aceptación de que me golpea o viola a mi hija, pero nos mantiene. Es un logro de la civilización que haya derechos de la mujer y equidad social, pero al mismo tiempo que surge el derecho, viene la forma de trasgredirlo. No basta con legislar porque siempre está lo indomable, el goce sin ley que no se deja regular. Tu hipótesis es cierta en la idea de que la represión aumenta otras formas sintomáticas de aparición de la agresividad, pero también hay un reverso. Por ejemplo, la educación liberal quiere que los chicos se expresen, no castigarlos, y si no quieren ir a clase que no vayan y que se trepen a los árboles. Pero eso resultó en una generación de inadaptados, porque si viviste toda tu vida en una burbuja donde todo es posible, no te han dado las herramientas para conquistar el mundo laboral, que es muy duro. Fracasaron los criterios de educación tanto represiva como liberal; necesitamos nuevas invenciones y descartar la utopía de que alguna vez vamos a encontrar una receta absoluta para que no seamos agresivos. Siempre vamos a tener que inventar modalidades sublimatorias: el arte, la ciencia, la religión y el deporte son algunas de ellas.
Mario Elkin Ramírez es Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Nueva Escuela lacaniana, sede Medellín.
*Entrevista realizada por El litoral
www.ellitoral.com/index.php/diarios/2008/09/09/metropolitanas/AREA-05.html
¿CÓMO SE JUEGAN LAS PASIONES EN LAS REDES?*
La pasión por la imagen
Silvia Ons

Clotilde Leguil considera [1] que en el siglo XXI hay un cambio respecto al estilo de las pasiones, ellas-a diferencia de Descartes-se centran en el cuerpo y no en el alma. Pero ¿en qué sentido? Si las pasiones siempre tocan el cuerpo: ¿cuál sería ahora su particularidad? Basta recordar la afirmación de Lacan: ….. "la simple resección de las pasiones del alma, como Santo Tomas nombra mas pertinentemente esos afectos, la resección desde Platón de esas pasiones según el cuerpo (...) ¿no es el testimonio ya de lo que es inevitable para su abordaje, pasar por ese cuerpo, que yo digo no estar afectado más que por la estructura?"[2].
Entonces: ¿qué novedad? Es que Clotilde Leguil no alude a las pasiones clásicas que sin duda se asientan en el cuerpo, pero que son causadas-al modo de Spinoza[3]-por algo exterior que lo conmueve, sino pasión por el cuerpo mismo que ha tomado el relevo del ser Una de las pasiones por el cuerpo se vincula con su imagen que debe ser la de un cuerpo que responda a la demanda social portando salud, belleza y potencia .En definitiva un cuerpo imaginario capaz de hipnotizar la mirada haciendo desaparecer cualquier huella de castración: ningún signo de desfallecimiento, ninguna marca de edad, ningún trazo de angustia o de inquietud .Veremos de qué manera tal pasión se juega muchas veces en las citas por Internet impidiendo el encuentro amoroso…y el bien decir.
Las diversas citas por Internet, se pueden definir en términos de “casting amoroso”. En ellas se examina, compara con lo que se espera, se somete a una prueba de evaluación. Esta palabra, utilizada clásicamente para la elección de modelos o de actores en vistas de una producción, hoy extiende su empleo para otro tipo de situaciones, indicando de qué modo los sujetos son evaluados mucho más allá de lo laboral. Escuché hace poco a alguien decir, luego de una pronta decepción, que se había equivocado en el “casting”. El vocablo es inglés y en su traducción nomina la fundición, el molde, la forma, el elenco, el enyesado y también el vaciamiento.
Alguien podría decir que siempre buscamos al otro de acuerdo a un molde previo, que tenemos patrones, que nos interesan determinadas características, que preferimos determinadas cualidades, viendo como muy natural esta forma de elección. ¿No nos dice acaso el psicoanálisis que existen rasgos de fijación que dirigen la orientación hacia determinada persona y no otra? Sin embargo, tales adhesiones son inconscientes, y se distancian de las del mentado “casting” en el que, por el contrario, intentan ser calculadas y sometidas al control .Por otra parte, Lacan nos dice que el amor es contingente, no planeado y si hay siempre un misterio, este se enraíza en que en la atracción hacia el objeto amado hay algo inexplicable que trasciende en mucho lo evaluable de sus atributos.
El “casting amoroso” rechazaría esta verdad del amor que hizo que Kierkegaard dijese que era tan difícil definir lo que es su esencia, como lo es definir la esencia de una persona[4]. Es que el amor bordea ese núcleo innombrable e inexplicable en la lógica de la evaluación. Cuando se trata de convencer a un enamorado de la no conveniencia del objeto amado, se comprueba que es inútil tal como argumentar en el desierto ya que la atracción no contempla razones. Y quizás en tal “inutilidad” se revela el corazón del amor, incompresible en términos del costo-beneficio. No ocurre lo mismo cuando se tasa a un producto, sin embargo en el “casting” se buscan determinados atributos y los sujetos se ofrecen cual mercancías, ya no solo ellas mismas como valores de cambio sino los mismos sujetos. De ahí la depresión cuando ellos advierten de su lugar como objetos desechables: no ser el producto buscado Marx describió que uno de los rasgos fundamentales del capitalismo es lasustitución del valor de uso por el valor de cambio y ello se extiende al campo de las relaciones personales. Jacques Lacan dice que el discurso capitalista excluye al amor. No solo por el aspecto romántico que hace que los enamorados se basten a sí mismos y en esto se alejen del consumo, sino porque en el amor, el otro no es una moneda de cambio sino que se revela insustituible.
Pensemos en la nostalgia que surge del recuerdo de un amor que se ha perdido, seguramente se hará presente el lenguaje privado compartido con el que fue amado, un lenguaje que fue ese, único, no intercambiable con el de ningún otro. Dice Borges que uno está enamorado cuando se da cuenta de que la otra persona es única. En el lenguaje privado, los epítetos indican la manera en la que lo nombrábamos, queriendo de ese modo intentar expresar su unicidad , y el tiempo que demanda el duelo amoroso testimonia ,en última instancia, que los seres no pueden sustituirse tan fácilmente por otros, que no son descartables, que lleva tiempo el proceso de desasimiento, que hay apego , viscosidad libidinal. Y a la inversa, Marx descubrió que en el capitalismo el valor de uso, subjetivo, es sustituido por el valor de cambio: las cosas no valen por sí mismas sino por el valor de mercado. El detalle que se agrega en el capitalismo tardío es que lo mismo vale para los sujetos, y de ahí el drama de devenir obsoleto como los objetos. Claro que la palabra “casting” también remite a“vaciamiento” y ello nos introduce al campo de la temática de la evaluación.
Es que cuando medimos al otro de acuerdo a requisitos previos lo despojamos de su singularidad. Jacques Alain Miller [5] la presenta como el fenómeno central de nuestra época y define su operación en el pasaje de un ser de su condición de único, al estado de ser uno entre los demás. Así, los sujetos se prestan a ser comparados, accediendo al estado estadístico, proceso idéntico al descripto por Marx cuando se refiere a la pérdida del valor de uso, subjetivo por el valor de cambio. En su célebre libro El capital, aborda los dos valores de la mercancía: valor de uso y valor de cambio. El tema del valor tiene una importancia fundamental, ya en el Prólogo a la primera edición alemana señala que la forma de valor que reviste la mercancía, es la célula económica de la sociedad burguesa. Podríamos resumir diciendo que el valor de uso es subjetivo, es el valor de la cosa en sí misma en su relación al hombre, mientras que el valor de cambio es el valor de las cosas respecto a otras y ese valor será otorgado por el mercado. “Lo que se confirma aquí es la extraña circunstancia de que el valor de uso de las cosas se realiza para el hombre sin el intercambio, o sea, en la relación directa entre cosa y hombre, y que, al contrario, su valor sólo se realiza en el intercambio, es decir en un proceso social “[6] El quid consiste en entender que el trabajo mismo se convierte en mercancía y ello ocurre cuando grandes masas son despojadas súbitamente de sus bienes de subsistencia y lanzadas al mercado de trabajo. Entonces, el valor de uso de la fuerza de trabajo, el trabajo mismo, deja de pertenecer al vendedor. Así el valor de uso de la fuerza de trabajo, ya no es del obrero.
Marx da el ejemplo de una fuerza de trabajo que se paga como media jornada laboral, aunque su valor de uso sea el doble de su valor como valor de cambio. Así, Marx y Heidegger se dan la mano ya que el proceso analizado por Marx se entrama con lo que Heidegger describió en términos de dominio de la cifra y de la técnica. Cuando se habla de “recursos humanos”, no nos engañemos creyendo que son “humanos” pues son en verdad numéricos. Por ello dice Miller que el siglo XXI es el siglo de las listas, es el siglo de la evaluación cuantitativa y considera ello fue muy bien captado de modo profético por el escritor Robert Musil en su gran novela El hombre sin cualidades. En definitiva el hombre sin cualidades es el hombre numérico. Cuando el ser se cifra lo que no reacomoda a ella se elimina, de ahí el dramatismo de no valer lo suficiente.
El “casting amoroso” obedece a este principio, sin embargo pueden darse en esas citas por Internet un posible encuentro con el “adorable” descripto por Barthes. Seguramente allí el “casting” ha fallado ya que ese encuentro habría dado lugar a lo que excede toda forma de evaluación. Surgimiento entonces de lo contingente del amor como lo no calculado, lo no computable y si es el amor quien da lugar a un cambio de discurso….tal vez puede advenir el “bien decir”
* XII Jornadas de la Red de la Eol. Pasión en las redes.
1 Leguil, C.: “Las pasiones del cuerpo en el Siglo XXI” en Freudiana 73, Barcelona, 2015 [2] Lacan, J.,” Televisión”en Psicoanálisis. Radiofonía & Televisión. Anagrama, Barcelona,1977 [3] Cuando experimentamos una pasión, somos realmente afectados por una causa exterior real que aumenta o disminuye realmente nuestro conatus y esto bajo la influencia de una infinidad de otras causas también reales «La fuerza y el incremento de una pasión cualquiera, así como su perseverancia en la existencia, no se define por la potencia con que nosotros nos esforzamos por perseverar en existir, sino por la potencia de la causa exte¬rior, acompañada de la nuestra.» B. Spinoza: Ética, IV, prefacio. Trad. Vidal Peña. Madrid, Alianza Editorial, 1987, p. 294. [4] Kierkegaard, S, (2006): Las obras del amor , Salamanca ,Ediciones Sígueme ( trad: Demetrio Rivero) [5] Miller, J: A, Miller, J.-A., “Piezas sueltas”, en Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, caps. XI y XII. [6] Marx, K.,( 2000) El capital. Libro I.” Mercancía y dinero” Sección primera, Tomo I Trad. Vicente Romano García. Madrid, Axal, pág.117